‘Unpacking’ y la violencia en los videojuegos

Una reflexión tras terminar la mudanza de moda

Los ojos del panorama del videojuego, si fuera un ente con una voluntad única, están ya puestos en febrero de 2022 y la llegada de Elden Ring. Puede que gran parte de vuestra timeline de Twitter esté ya sumergida en el modo foto del espectacular Forza Horizon 5 o, quizá, en la expansión de Animal Crossing: New Horizons. Sin embargo, en el lejano pasado que supone hablar de la semana pasada, el juego del momento fue, sin duda, Unpacking.

Por una vez, voy a hablar de un videojuego actual tras haberlo jugado. El crédito como periodista especializado en videojuegos comenzaba a agotarse tras responder tanto en BreakFast como en Desayuno Continental (y antes en Videojuegos desde la Subbética) que estoy jugando a Uncharted: Lost Legacy y Enter the Gungeon. Para acabar de sorprender a propios y a ajenos, he jugado y completado Unpacking a través de Steam: ya puedo recibir mi carnet. También está disponible para Nintendo Switch y, sobre todo, en Game Pass. Un nuevo éxito para Microsoft.

Si bien es cierto que muchas voces conocidas del sector, como las otrora Invisibles Isi, Tam y Deborah han comentado por Twitter el estrés que puede provocar el juego al observar tanta caja y tanto objeto que colocar, en mí pesó más el análisis que publicó Marta el miércoles 3 de noviembre en AnaitGames. También podéis escuchar a Marta en el último Reload (el noveno episodio de su decimotercera temporada) junto a Víctor y a Pep.

Antes de dar mi opinión, puede que la clave sea lo que señaló también en Twitter Visitacionalien, quizá dependa de qué relación tenemos con el orden en nuestro espacio vital. No es que yo sea la persona más ordenada, pero sí encuentro cierta calma cuando puedo dedicar una mañana a organizar mi cuarto en pos de ganar espacio físico y mental. Quizá eso me convierta en el público objetivo del juego, más aún si tenemos en cuenta que en Unpacking no te dejas la espalda al cargar las cajas y encima ser alérgico al polvo no supone un problema.

A mí me ha permitido encontrar la calma que mi cabeza demandaba, ese remanso de paz que en su día lograron generar otros videojuegos como Abzû, The Witness, Rayman Legends o, por qué no decirlo, Spider-Man. Cada uno a su manera, sí, pero todos con la misma capacidad para construir una burbuja que deja fuera todo problema del mundo real. Cada sonido de Unpacking (de los 14.000 archivos sonoros que ostenta), cada caja vaciada, cada nueva casa, cada espacio a rellenar… todo funciona como un engranaje tan sencillo como resultón.

Más allá de la calma, el juego resulta entretenido. Sin ser su objetivo principal, premia el ingenio mediante pegatinas. Por ejemplo, si colocar una tostadora en la ducha o si colocas muchos cubos de bebé en una torre que desafíe la gravedad. Aunque obvies esta parte, resolver cada nivel es divertido. Al menos a mí me lo parece, pero asumo que para mucha gente será un auténtico horror tener diez cajas repletas y la casa patas arriba.

Una vez lo hayáis jugado, no dudéis en sumaros a la conversación que se ha generado. Aún se puede ver en el Twitch de Eurogamer la partida de Paula García en dos directos, pero además tenéis la opinión de Diego Pazos en el último Like&Dislike sobre lo buena que es su narrativa, algo que también destaca Marta Trivi. De hecho, Marta añade algo más que me parece clave, elogiable y ojalá algo que no sea olvidado: «La protagonista es uno de los mejores personajes femeninos de la historia del videojuego».

No quisiera estropear la experiencia de nadie, pero creo que hay un elemento que merece la pena ser destacado. Sin hablar del final, sí puedo mencionar el momento en el que el juego me obligó a parar en seco y pronunciar un sonoro «wow». [Spoilers leves a partir de aquí] Me refiero al momento en el que la protagonista se muda con un señor. Me refiero al momento en el que no encontramos un hueco para nuestro diploma.

Los primeros niveles fueron para mí un juego: colocar los juguetes y el material escolar, dar el salto a cierta independencia, probar los límites del espacio ofrecido e imaginar la vida de la persona cuyas pertenencias debía acomodar. No obstante, cuando nos mudamos con un señor que podemos asumir es nuestra pareja, todo cambia. Ari Notis describe a la perfección por qué ocurre esto en Kotaku.

Nos vemos obligados a crear el espacio para nuestras cosas, ya que él no ha movido sus cosas, tenemos que hacer todo sin su colaboración, lo que puede derivar en el violento momento que supone hacer y deshacer la disposición de sus pertenencias. Pese a la incomodidad que se genera al tener que hacer un esfuerzo para encajarlo todo, esta sensación se ve opacada por el bochorno que produce tener que abandonar nuestro diploma debajo de la cama. No es casual, en Witch Beam saben lo que se hacen.

Y es en este momento en el que el título del artículo cobra sentido. La semana pasada debatíamos en clase sobre la industria del videojuego y la conversación derivó (para sorpresa de nadie) hacia la violencia de los mismos y el potencial peligro que suponían para las futuras generaciones.

Me acordé de Marta Trivi de nuevo, en esta ocasión por una de las charlas en las que participó este verano en Emerge. Recordé las conversaciones con Elena Cortés sobre el tratamiento de los medios generalistas de todo lo relacionado con los videojuegos. Incluso recurrí a un debate reciente que habíamos tenido en el aula respecto a la recomendación por edades y cómo no extrapolamos la violencia en el cine de Tarantino o en El Juego del Calamar al resto de películas y series como sí hacemos con GTA.

No me sirvió de nada, terminé frustrado. Me apenó que mucha gente no llegue a conocer todo lo bueno que ofrecen los videojuegos por limitarse a una idea estereotipada debido a ciertos blockbusters. Quién me iba a decir a mí que uno de esos títulos que encajan en la etiqueta de indie sería capaz de ofrecerme un nuevo punto de vista. Por supuesto que hay violencia en los juegos, como en los otros sectores audiovisuales antes mencionados, pero qué buena noticia supone ver que no se representa siempre de la misma forma.

Estamos más que saturados de ver juegos de disparos. Este verano supimos que solo un 33% de los títulos presentados en los eventos estivales no era violento y se debía a los indies (un 54% de este tercio) y ojalá la balanza logre alcanzar cierto equilibrio, pero mientras esto se consigue, me alegra que haya espacio para reflejar otras violencias (por desgracia) muy reales como la que ejerce el novio de Unpacking cuando nos mudamos con él.

Creo que es muy enriquecedor para el sector que haya juegos que susciten ciertos debates y profundicen en según qué temas. No puedo evitar alegrarme de haber jugado Unpacking en vez de sumarlo a la interminable lista de pendientes. Cuánto me voy a alegrar de que este año que para muchos ha sido el peor de la historia nos permita crear una lista de destacados con obras tan interesantes como este jueguito que puede definirse como un simulador de hacer la mudanza.

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